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Enero

Mostrando las entradas con la etiqueta inteligencia emocional. Mostrar todas las entradas
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Eduquemos emocionalmente a los estudiantes.

miércoles, 1 de abril de 2015

Los docentes debemos involucrar el factor emocional como parte fundamental del trabajo diario, es preciso que establezcamos cuales son las pautas para desarrollar las clases y las relaciones en el aula y en el centro de estudios a partir del enfoque emocional.

Encontramos en la red estas cuatro indicaciones que nos parecen las pertinentes y sencillas para ejecutar:




1. La necesidad de gestionar las emociones del niño

Seguro que más de una vez te has visto en esta situación: niños que demandan las cosas llorando, que disponen de una facilidad enorme para dejar caer las lágrimas mientras su nivel de ira asciende si no le ofrecemos aquello que quieren. Rabietas que acaban estallando en golpes y gritos.

Es imprescindible que afrontemos estas situaciones desde bien pequeños. Las rabietas hay que ignorarlas. Les atenderemos solo cuando sus lágrimas sean sinceras, evitando reforzar comportamientos inadecuados. Una vez haya comprendido que no vamos a atender a su chantaje o a sus gritos, hablaremos con ellos. Deben aprender dónde están los límites para evitar frustraciones el día de mañana, deben saber también que la rabia, no ofrece resultados. Que solo les atenderemos cuando se dirigen a nosotros con normalidad, sin gritar y sin llorar.

2. Comunicación continúa

Establece con el niño una comunicación abierta y sincera. Evita hablarles en voz alta o gritándoles, y hazlo con madurez. Los niños entienden muchas más cosas de las que crees, y muchos padres y madres caen en el error de dirigirse a ellos con cierta ingenuidad, como si no comprendieran muchas cosas. La comunicación y el diálogo motivador harán que el niño madure, responde a todas sus preguntas, a sus ocurrencias y fantasías. Y más aún, despierta en todo momento la curiosidad en ellos. Hazlos crecer en confianza.




3. Aprender a reconocer emociones en los otros y en ellos mismos

Este aspecto debemos desarrollarlo desde que son pequeños. Es esencial que fomentes la empatía en el niño desde muy temprano con preguntas como esta: ¿Cómo crees que está hoy la abuela, triste o alegre? ¿Cómo piensas que se siente ahora tu hermano después de lo que has hecho? ¿Sabes por qué está enfadado tu amigo del cole, qué puedes hacer para que se sienta mejor? Debemos, en esencia, despertar su interés emocional por las otras personas.

Ahora bien, para reconocer la emoción en el otro, primero ha de aprender a reconocer las suyas propias. Hay muchos niños que tienden a confundir, por ejemplo, la tristeza con la rabia. Reaccionan ante la pena o el sentimiento de desconsuelo con una patada, con gritos o de un modo inadecuado. Es en estos casos cuando mayor trabajo tenemos con ellos, de ahí la importancia que establezcan una separación entre la tristeza y la rabia, y los modos en que pueden canalizarla. Nunca obvies pues con ellos un “¿cómo te sientes? ¿Por qué crees que te sientes así? ¿Qué podrías hacer para sentirte mejor?

Llegada la adolescencia, si son capaces de hablar en voz alta de sus emociones, argumentarlas y gestionarlas, será mucho más fácil para ellos en ese momento evolutivo donde se está asentando su autoconcepto.

4. Fomenta la asertividad y sus habilidades sociales

El niño debe ser capaz de poner en voz alta su opinión, sus necesidades y saber argumentarlas. Todo esto se consigue con un estilo de educación democrática, nunca autoritaria. Esto, como puedes ver, nos vuelve a realzar la necesidad de establecer siempre un diálogo abierto y constructivo. Como padres debemos establecer normas y límites, también prohibiciones, pero arguméntalas con ellos para que comprendan la finalidad, para que sean partícipes y se sientan involucrados.

Si sienten que sus palabras siempre van a ser escuchadas, al igual que sus necesidades y pensamientos, confiarán más en sí mismos, se sentirán seguros, para hacer lo mismo por ejemplo, en el colegio y con sus amistades, evitando así verse dominados o controlados por los demás.Debemos fomentar su autonomía para que se sientan capaces y seguros de sí mismos, viendo siempre dónde están los límites. Respetando a los demás y reconociendo las emociones propias y ajenas.

Todo ello les ayudará a crecer con optimismo, sintiéndose queridos para ser también felices el día de mañana. Educar es una tarea difícil, pero es una aventura que merece la pena.

Inteligencia emocional la clave para el docente.

sábado, 4 de octubre de 2014


Se define como inteligencia emocional: al conjunto de habilidades psicológicas que permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones.

Siendo un gremio profesional que trabaja con personas y sobre todo con seres humanos que tienen sus procesos mentales en desarrollo es más que necesario que tengamos muy buenos niveles de inteligencia emocional, no estamos hablando de nueva era o de metafísica hablamos del desarrollo integral de una de las inteligencias del ser humano.

Decimos que es clave para el docente, porque desde que se trabaja con niños pre escolares debemos tener paciencia, tolerancia y mucha empatía, igualmente en edades escolares y pubertad, al llegar la adolescencias debemos mostrar otras cualidades que hacen de nosotros como orientadores educativos el complemento perfecto para los estudiantes, la familia y la escuela. 

Evidentemente hablamos de situaciones ideales, puesto que un docente con niveles de inteligencia emocional aceptable, debe lidiar no solo con sus alumnos si no con los padres y madres que en la generalidad reflejan altos indices de violencia y mal trato hacia nuestro trabajo, para ello la recomendación es que cuando se convoque a padres y madres haga un breve pero continuo discurso acerca de las emociones y de la inteligencia emocional, recordemos que nadie puede dar lo que no tiene. 

Docentes: La Inteligencia Emocional y la tecnología.

jueves, 6 de junio de 2013


Un docente  comenta: 
"Trabajo en un instituto de inglés y en el año 2012, tuve la oportunidad de implementar un “plan piloto” utilizando Ipads en diferentes cursos para el dictado de clases en dicho idioma.

Al principio la idea me pareció brillante, desafiante y, fundamentalmente, que a mis alumnos les iba a encantar, resultándoles muy motivador tomar clases con estos dispositivos tan novedosos.

Al retrotraerme en el tiempo, reconozco que mi amígdala cerebral debe haberme jugado una mala pasada: evaluando en 125 milisegundos eficacia por eficiencia. Es decir de lo que es bueno (alcanza para la supervivencia) a lo que es ser grande (con el fin de trascender). “De la eficacia a la grandeza”, como rezaba Stephen Covey. (2)

Al transcurrir el tiempo, la idea no se me fue de la cabeza… evidentemente, mis Lóbulos Pre-frontales se habían puesto a trabajar: procesando y analizando la información, utilizando las capas superiores de mi cerebro cognitivo y ejecutivo, lo que me permitió hacer un juicio crítico. Consecuentemente, me di cuenta de que dicha implementación estaba muy lejos de poder complementarse con mi filosofía de “compartir, a diestra y siniestra” conocimientos para desarrollar la Inteligencia Emocional.


Después de transcurridos aquellos 125 milisegundos iniciales, lo primero que se me vino a la mente fue: “La tecnología vino para quedarse, de eso no hay dudas, y más vale que aunque nos implique, especialmente a los adultos, salirnos de nuestra zona de confort (es decir, de lo que conocemos para aprender cosas nuevas) si juzgamos sabiamente, concluiríamos que debemos adaptarnos a estas nuevas tecnologías.” Es cierto también que, para quienes nacimos antes de los ´90, implica un trabajo arduo. La computadora, celular o cualquier otro dispositivo electrónico que compramos el año pasado y que tanto nos costó aprender a manejar, en meses se convierte en obsoleto. Debemos seguir aprendiendo. Esto está muy bien, pero, ¿hasta qué extremo?


Después de haber escuchado y leído mucha información sobre el “cerebro social”, la “inteligencia emocional” y la “comunicación efectiva”, me siento un poco parca a la idea de usar la tecnología para todo. La naturaleza concibió el cerebro social para la interacción cara a cara, no para el mundo virtual. Esto, por supuesto, no supone que tanto en mi institución como en tantas otras no se utilicen tecnologías como un aliado del proceso enseñanza y aprendizaje en proyectos realizados por alumnos (videos, blogs y Power Points) pero con técnicas de aprendizaje cooperativo.


En el momento de la decisión de los Ipads para mis cursos, seguí mis creencias: si quería alumnos que además de contenidos crezcan en la Inteligencia Emocional, no iba a permitir que las únicas dos horas semanales que comparten en este espacio de aprendizaje e interacción, sean regidas por una máquina, perdiéndose así la posibilidad de conversar “cara a cara” sobre sus sentimientos, experiencias, anhelos, etc. Dudo que en lo cotidiano abunden espacios para los mencionados intercambios, los cuales ponen en juego las inteligencias inter e intra personales, bases fundamentales en el desarrollo de una buena Inteligencia Emocional."




Nuestro cerebro es social, por lo tanto, para desarrollar la Inteligencia Emocional necesita de otros cerebros “en vivo y en directo”.


El 85% de la comunicación se realiza de forma no verbal y, no puedo evitar preguntarme qué diría Paul Ekman, el gran estudioso y experto mundial en expresión facial y emociones, si leyese los mensajes de texto que se envían en la actualidad: ;), =), :), o), un poco simplista la simbología emocional, ¿no?


El lado oscuro entra en escena cuando por “abusar” de la tecnología, perdemos la conciencia de la empatía: percibir lo que piensan y sienten los demás sin que nos demos cuenta. Enviamos permanentemente señales sobre nuestros sentimientos mediante tonos de voz, expresión facial, gestos y muchos canales no verbales. La capacidad de descifrarlas varía enormemente de persona a persona, y en la comunicación virtual (e-mails, mensajes de texto y chats) estas señales no existen.


Además, las neuronas espejo juegan un papel primordial en el contagio emocional, son la base de nuestros comportamientos empáticos, y en el mundo virtual poco tienen para lucirse. (3)


“La empatía es el componente esencial de la compasión. Tenemos que darnos cuenta qué le pasa a la otra persona, qué siente, para que se despierte la compasión. Este proceso finaliza cuando empezamos a tener sintonía, y continúa con el establecimiento de una empatía, la comprensión de sus necesidades, la preocupación empática y por fin la acción compasiva, cuando le prestamos ayuda.” (4)


Las tecnologías conectan:

Se reconocen los beneficios de la Web 2.0: el correo del correo electrónico, poder navegar en la web, estar conectados con el mundo. Es más, hasta nos permite cosas que en tiempos pasados hubiesen sido impensables como estudiar. Hoy las carreras “on-line” les dan acceso a muchas personas que por motivos personales, laborales, de distancia (incluso se puede estudiar en otros países), no podrían hacerlo de otra manera.

En este sentido, es importante tener en cuenta que el celular con los mensajes de texto suele ser muy útil también siempre y cuando se tomen ciertos recaudos.

Las tecnologías que desconectan:

Al no tener el registro de la expresión de la persona con la que nos estamos comunicando, y por la inmediatez que implica mandar un mensaje de texto, un e-mail o un chat las personas solemos malinterpretar los mensajes que recibimos. Por ejemplo, esta rapidez, hace que comúnmente omitamos tipear una coma:


“La riqueza de la “coma” (5):


Una coma puede ser una pausa, o no:


“No, espere.”


“No espere.”


Puede hacer desaparecer tu dinero:


23,4.


2,34.


Puede crear héroes:


“Eso solo, él lo resuelve.”


“Eso, sólo él lo resuelve.”


Puede ser la solución:


“Vamos a perder, poco se resolvió.”


“Vamos a perder poco, se resolvió.”


Cambia una opinión:


“No queremos saber.”


“No, queremos saber.”


¡La coma puede condenar o salvar!


“¡No tenga clemencia!”


“¡No, tenga clemencia!”


La coma hace la diferencia entre dos puntos de vista.


“¿Cómo se relacionan los cerebros sociales cuando miramos un monitor y no directamente a otra persona?”


Contamos con una pista crucial sobre los problemas que presentan estas comunicaciones desde los inicios de Internet… Esta pista crucial son los mensajes ofuscados que se envían cuando la persona se altera un poco (o mucho) y la amígdala toma riendas de la situación, con lo que se escribe arrebatadamente y se hace “Click en Enviar” sin haberlo pensado bien.


A continuación, ese producto de secuestro amigdalino aparece en el buzón de entrada del otro individuo. El termino técnico más adecuado sería “ciberdesinhibición”, porque se ha comprobado que la conexión entre el cerebro social y la pantalla, libera el control que suelen tener sobre la amígdala las zonas pre-frontales, más razonables.” (4)


Esta “ciberdisinhibición” la he vivido no sólo con e-mails, sino mensajes de texto: personas que no se animan a “dar la cara” y, mediante un mensaje mandan sin ningún tipo de empatía y, por tanto, sin importar el efecto emocional que produce en la persona que lo recibe cualquier tipo de mensaje. Esto habla de una muy pobre inteligencia emocional, de un desarrollo de la empatía nulo, y, hasta me atrevo a decir, falta de amor y compasión. Este tipo de “ciberdisinhibición”, puede llegar a causar graves problemas laborales, sociales y hasta familiares.


Conectando para trascender:


Como señala Shirky, que estudia redes sociales y la web en la Universidad de New York, “las redes sociales tienen un potencial inmenso para multiplicar nuestro capital intelectual. (6) Se trata de una especie de “supercerebro”: el cerebro ampliado gracias a Internet.” Con todo esto, en su justa medida y con responsabilidad, con un verdadero y comprometido trabajo cooperativo se logran “supercerebros” que aprenden y producen elementos muy creativos, innovadores, interesantes…


Es, sin dudas, tarea de los educadores (padres y docentes) y de capacitadores en empresas, ajustar estas conexiones y desconexiones que producen por el uso de la web 2.0 para que podamos aprovecharlas al máximo: para no creernos que las tecnologías que manejamos nos hacen mejores, sino para que nos ayuden, para aprender, poco a poco, a desarrollarnos como mejores seres humanos.


-En este artículo se ha utilizado metafóricamente el término “cerebro 2.0” haciendo una analogía entre dos términos (cerebro y Web 2.0), de tal manera que para referirse a uno de ellos se nombra al otro.-


Prof. Nse. Alejandra del Fabro


Oradora en Asociación Educar.


Fundadora del Instituto de Idio+delfabro.

Referencias:


(1) Definición de “Web 2.0”, fuente Wikipedia.


(2) Covey, Stephen “Los siete hábitos de las personas altamente efectivas” Paidós Ibérica (1989) y “El 8º hábito” Paidós Empresa (2004).


(3) Rizzolatti, G. y Sinigaglia, C. “Las neuronas espejo. Los mecanismos de la empatía emocional” (2006) Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.


(4) Daniel Goleman, “The Brain and the Emotional Intelligence: New Insights”, Kindle Edition, 2012


(5) Transcipción de Imagen publicada en Facebook, autor anónimo.


(6) Shirky, Clay, “Here Comes Everybody”, Penguin Press, New York 2008

Una invitación a los colegas docentes: Emocionalmente Inteligente

martes, 1 de enero de 2013



Según Gardner los seres humanos tenemos inteligencias múltiples, más allá del logro de resolver una ecuación, de encontrar la síntesis de un documento con lenguaje excéntrico y un sin fin de cosas que para la mayoría de nosotros resulta complejo resolver, debemos ante todo y por el bien de los que nos rodean ser inteligentes emocionalmente. Hace años una maestra en mis años de universidad decía  "Si me he divorciado tres veces, ¿soy inteligente emocionalmente?" Les dejo este articulo que encontré en una revista espero les clarifique como a mí.



La capacidad de vivir y manejar las emociones se aprende desde la infancia. Por ello, la familia es la escuela en la que el niño aprende, para bien o para mal, a desarrollar su inteligencia emocional. Pero, desgraciadamente, los padres no siempre son conscientes de la trascendencia que reviste atender, integrar y conducir las emociones infantiles. Los hijos de familias en que se han cultivado bien las emociones, son más sociables y mejores estudiantes, aunque su “otra” inteligencia, la lógica, no sea brillante. Si bien es cierto que la familia y la escuela son fundamentales en el desarrollo de la inteligencia emocional, nunca es tarde para efectuar correcciones y adquirir nuevas habilidades en este terreno. Nos jugamos mucho en ello y, por muy adultos que seamos, podemos desarrollar un dominio más eficaz de las emociones. No olvidemos que las perturbaciones emocionales afectan a la salud. Gestionar bien las emociones fuertes o negativas, aprender a vivirlas, puede potenciar nuestro sistema inmunológico y cardiovascular. En la vida de pareja se ha comprobado, asimismo, que la estabilidad de la relación y el éxito en la toma de decisiones dependen mucho de la madurez y estabilidad emocional de sus miembros. 

¿Soy emocionalmente inteligente?: cómo saberlo Aunque no se puede medir psicométricamente con la exactitud con que se determina el coeficiente intelectual, hay indicadores de inteligencia emocional. Entre paréntesis, encontrará la respuesta que daría una persona emocionalmente inteligente a las siguientes cuestiones.


  • ¿Sabe usted empatizar, es sensible ante las emociones ajenas? (Sí) ¿Controla adecuadamente sus impulsos? (Sí) 
  • ¿Cómo tolera las frustraciones? (Bien, con perspectiva e intentando positivizar) 
  • ¿Expresa controladamente sus sentimientos? (Sí) 
  • ¿Es capaz de afrontar serenamente los conflictos con otras personas? (Sí) 
  • ¿Cómo sale de los baches emocionales? ¿Derrotado? ¿Le duran mucho tiempo? (Con tranquilidad, fijándome en lo positivo de la nueva situación. Con fuerzas para empezar de nuevo. El bache se supera poco a poco, sin prisa, pero sin pausa) Cuando se enfada ¿lo hace con quien debe y cuando debe? (Sí, exclusivamente) 
  • ¿Se prohíbe llorar? (No, a veces lo hago; y no pasa nada) 
  • ¿Le parece que reírse a carcajadas o contar chistes es frívolo? (No, en absoluto. El humor es maravilloso ) 




Tomado de: Revista Consumer